En España, la Dirección General de Tráfico realiza más de seis millones de controles de alcoholemia al año. Sin embargo, gran parte de las pruebas arrojan un resultado negativo en el alcoholímetro, que es el instrumento que utilizan los agentes para la primera medición en un control.
Por su parte, si en el primer test el conductor supera la tasa y es positiva, la DGT indica que debe realizarse una segunda prueba que corrobore el resultado en un etilómetro, es decir, un instrumento que tiene más precisión y se utiliza para confirmar el positivo en un alcoholímetro. Entre ambas pruebas debe transcurrir un tiempo mínimo de 10 minutos, pero surgen dudas sobre la posibilidad de beber agua u otros líquidos con la intención de bajar el resultado.
¿Qué dice la ley sobre esta circunstancia?
Lo cierto es que no existe una normativa específica que prohíba beber agua u otros líquidos entre ambas pruebas de alcoholemia. Aunque, este hecho podría incurrir en la fiabilidad de la prueba, por lo que a veces los agentes de tráfico no lo permiten, basándose en que las dos mediciones deben realizarse en condiciones lo más similares posible, tal y como sentenció el Tribunal Supremo.
Por lo que las acciones de comer, beber o fumar podrían alterar el resultado y afectar a la fiabilidad del etilómetro. Eso sí, hasta momento no encontramos una ley que lo prohíba, aunque es recomendable evitar esta práctica entre ambas pruebas. En definitiva, la decisión final la tomará el agente de tráfico que realice la prueba.
Falsos mitos para reducir la tasa de alcoholemia
La propia Dirección General de Tráfico enumera una serie de prácticas o estrategias que no han demostrado su eficacia a la hora de bajar la tasa de alcoholemia: Hacer ejercicio, tomar chicles, caramelos o productos con azúcar, masticar granos de café, beber aceite, fumar abundantemente, consumir cocaína, usar determinados espráis bucales, beber mucha agua o tomar clara de huevo, entre otras.
Factores que afectan la tasa de alcoholemia
La Dirección General de Tráfico indica que existen varios elementos que pueden hacer que la tasa de alcoholemia varíe. Uno de los principales es el sexo del conductor, ya que el cuerpo de hombres y mujeres procesa el alcohol de manera distinta. Otro factor importante es la rapidez con la que el alcohol se absorbe en el organismo, lo cual puede depender de si se ha ingerido comida previamente, puesto que esta ralentiza el proceso.
También influyen el grado de tolerancia o hábito en el consumo de alcohol y el tipo de bebida consumida, dado que no todas tienen la misma concentración alcohólica. Por último, condiciones como el cansancio, la somnolencia, la ansiedad o el estrés pueden modificar la forma en que el alcohol afecta al cuerpo






